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martes, 5 de febrero de 2013

acerca de ella.

Ahora la vi y se le cae un ojo. no es cierto, solamente hace lo que ya es natural para ella; sin embargo afecta demasiado a los que le rodean que apenas pueden hacer algo para evitarlo. por ratos es peor que un campo de concentración nazi de la segunda guerra mundial: no me da café si quiera! a los judíos por lo menos les daban café (sin azúcar), ella ni eso. ayer en la cena se cocinó unos platanos fritos, tres... y no me dejó ni una rodaja. ahora fue mi turno en cocinar; quería cocinar porque fui a correr un rato al sinaí, como se le conoce a la lotificación al otro lado de la entrada a mi ciudad. tenía hambre y me hice un picado de güisquil al que le agregué crema y leche, pimienta, sal de ajo, tres tomates bien maduros y casi la mitad de una cebolla... la gente está acostumbrada a reaccionar con revancha, el hybris se pone de manifiesto... pero no somos gallos ni reptiles, somos seres humanos, HUMANOS. algunos han olvidado lo que significa serlo.

martes, 24 de enero de 2012

Confesiones

Aunque el reflejo de la vida me lo hubiera anunciado, 
yo tengo aquí, tierna inocencia,
el alma balanceándose 
en una hebra de tu cabello.

Y si tus sonrisas me apuñalan, 
de mis heridas fluye la escencia,
que se esparce como un ejambre
que nubla mi cielo en petalos de amapolas.

Ya con escasas fuerzas me contengo
 de cantar mi lamento desconsolado,
porque no hay oídos de quien mejor pueda escucharlo
de quien con una palabra suya podría consolarme.

Así resguardo ante todos, un silencio, 
mientras una guerra deja este cuerpo 
con tan solo una capa,
que una delicada brisa podría derrumbarla.

Ante ti, mi locura se desborda como un río,
 y te vas sin saber- amada mía-
que anclaldo en tu orilla,
queda un arbol con las raices desnudas,
y un pensamiento hecho ceniza.

Y esta paradoja,
-mi locura-
no la matan tus manos ni las mias,
muere de sed cuando te nombro-
muere de frio cuando callas.

lunes, 15 de febrero de 2010

ha caido la manzana...

La sinfonía inicia, los estrépitos locos de la noche cesan, los rayos de la aurora avanzan lentamente, mientras del otro lado le quita un suspiro al mundo, el frio que aun reposa envuelve la habitación,su suabe crujido, su delicado canto alude el despertar, noche eterna que nos llevas por senderos de miedo, cielo de ilusiones, la luna nos sigue por los caminos y nos sorprende desnudos, nos sorprende abrazándonos nosotros mismos con nuestros gelidos y delgados brazos, temblando de miedo, terrible miedo, el despertar y encontrarnos solos.

Cae la manzana y hoy no hay quien nos hable, la serpiente calla, el miedo nos lleva alejados, un abismo crece se hace cada vez mas profundo, las sombras crecen se plasman en las escabrosas laderas de los abismos que nos separan, la tierra cada vez es mas árida y no brota ni la mas ferrea raiz, el cielo cada vez nos llora menos, nos llora nada. Solo pasea su fuerte suspiro.

Ha caido la manzana. la manzana nos espera, no por mucho tiempo…

Y Hoy no hay quien nos hable de pecado.

martes, 27 de octubre de 2009

GÉNESIS

Quién puede decir que de niño,

en el pecho se abriría un espacio

para que el corazón también

corriera.

 

Del primer exilio,

de las manos cálidas

de una madre,

uno comprende la distancia

y que el corredor de la escuela

es un pasaje demasiado largo.

 

Mis lágrimas no eran otra cosa

más que el berrinche

de la primera soledad,

lejos de casa.

 

Cinco minutos bastaron,

quizás fueron dos,

y me pescó, como un pez

solitario en un estanque.

 

Fueron sus ojos, quizás su alegría

sin motivo, que brillaba distinto

entre tantas risas.

Y mi exilio se volvió refugio:

una hoja limpia

donde mis lágrimas

se hicieron acuarelas.

 

Algo se inauguró en mi pecho,

en mi madera tierna;

entre lo blando que aprende

a ser fuerte,

se instaló una astilla encendida,

que dejaba fuego

y preparaba también

el cuenco de las cenizas.

 

Han pasado, digamos,

treinta y tantos calendarios.

La vida ha hecho lo suyo,

como siempre.

Y sin embargo,

pienso en ese pasillo,

en esos ojos como un astillero,

y confirmo sin dudar que aquello,

tan lejano y tierno,

fue el amor.

O al menos su primer borrador,

que es casi lo mismo.

martes, 20 de octubre de 2009

INASIBLES

A veces pasa
que llamo con tu nombre un poema
y las palabras que suelen ser torpes
se quedan suspendidas en el aire
como pájaros indecisos
que no saben cómo volver
a este concurrido silencio

pero de noche es distinto
de noche llegás sin tregua
como siempre,
y te hacés nido entre hilachas
fugitivas de mi vieja almohada
que conoce tan bien los inviernos
como también sabe
de contar ilusiones

y de pronto uno comprende
que el poema no es algo mío
que el poema sos vos
atravesándome la página,
la noche,
convirtiéndote en metáfora,
en estado de sitio.

Digamos que es un pacto:
pero un pacto incorruptible
vos ponés el sueño,
yo la melancolía
vos tu boca
y yo este beso en suspenso
por si la vida y su gentileza
decidiera mañana
o este día conjugarnos

al final algo me queda claro
que sos, esa necia insistencia tuya
de ser cortina justo cuando el frío
quiere colarse en la costumbre
con la que nos trabaja la noche


así que,
aquí dejo puntual
el poema de cada día,
aunque sigás por ahí 
tan tuya,
tan de no mirarme,
tan de no leerlo nunca.

jueves, 15 de octubre de 2009

EL ÚLTIMO APÓSTOL (Capitulo I)

Capitulo I

El reloj de mesa en sus grandes números rojos e intermitentes marca las 4:59 a.m. las luces blancas del cuarto están aun encendidas, mientras John yace tendido en su escritorio, sobre un sin número de hojas de cálculo, que ha pasado resolviendo y buscando desde hace muchos años en su incansable proyecto que le ha consumido una gran parte de su ahora olvidada vida.

Dos horas hace desde que cayó rendido al sueño, en su incansable lucha que día a día lo ha ido consumiendo lentamente, hasta el punto de que los años han hecho estragos en su cuerpo, los años se le han multiplicado en su apariencia, de la cual denota ya una muy acabada figura…

Su cabello oscuro alborotado, disparejo y descuidado, sus ojos hundidos en su delgado rostro, el seño yace ya fruncido, parece un hombre que sobre pasa ya los cincuenta años, su figura delgada, con ropa gastadas y zapatos deslucidos, su apariencia se ha ido borrando de su interés, hasta acabar en una rutina en la cual yace olvidado de todo capricho, de todo interés, de todo entretenimiento, de un mundo que ya le resulta ajeno.

Hace años que ya no sonríe, y los recuerdos se han ido tapando por el polvo de los años, los lejanos recuerdos ya no parecen algo de su vida, su encierro en su proyecto ha ido acabando con su vida, y su vida pasada, las calles de la pequeña ciudad han ido cambiando, ha ido creciendo, la ciudad lo ha ido olvidando y John apenas se da cuenta de ello.

Han pasado 11 años desde el inicio de aquella búsqueda de John, de aquella búsqueda que desde entonces lo ha enfrascado en ese proyecto interminable del cual es la única luz que ilumina ya la vida de John, en la ciudad apenas algunos lo recuerdan, otros solo lo conocen como un extraño personaje que raras veces se le ve por la calle, con la mirada perdida, vistiendo siempre un pantalón negro, ya pálido por los años, una camisa blanca, llena de manchas, y percudida por los años, se le ve rondar por la calle, y comúnmente entrar a el cafetín de la esquina, donde lentamente se toma su café sin azúcar, con su mirada perdida, y en otras ocasiones, dibujando en una servilleta alguna idea que haya nacido en su fugaz estación por el cafetín.

No siempre John fue aquel lúgubre personaje de la ciudad, no siempre fue llamado el científico loco que volaría la ciudad en mil pedazos, John alguna vez fue un distinguido científico, que aporto con sus conocimientos en grandes avances científicos y tecnológicos no solo de su país si no a nivel mundial, fue así como pudo reunir gran parte de todo el dinero que necesitaría para el proyecto con el cual se enfrasco tiempo después que la vida le diera golpes fuertes que derrumbarían aquella mente optimista, llena de motivación orgullo y felicidad.

Desde muy pequeño la mente de John se inquietaba ante los fenómenos de la naturaleza, y antes los inventos de aquella época, que poco a poco fue comprendiendo y estudiando hasta hacerse un conocedor de todas las leyes físicas y un experto en los cálculos matemáticos, incursiono con sus estudios universitarios a muy temprana edad denotando una mente brillante y de muy avanzado coeficiente intelectual, rápidamente la adaptación de John ante el ambiente universitario se hizo evidente que no encajaría, pues la mente de él era muy inquieta y no podía adaptarse al mismo ritmo, en poco tiempo John abandonó los estudios universitarios e instaló su primer laboratorio en una habitación contigua al garaje de su casa, sus padres dotados de una buena fortuna construidas con el pasar de los años, dueños de una empresa de energía eléctrica, dotan a John de lo necesario para incursionar en el mundo científico, así comienza como un pionero, sumergiéndose de lleno en estudios propios y en investigaciones arduas y continuas que llenaría con el pasar de los años, así fue creciendo en conocimientos que poco a poco ya era dueño de un amplio manejo y comprensión de todas las leyes de la ciencia moderna.

Ya cuando John rodaba los 22 años algo cambiaría el eje de su vida, fue en ese entonces que en algunas constantes visitas de ciertos socios de sus padres conocería a Elena una joven de 19 años, John recordará la tarde de ese día, cuando saliendo de su laboratorio para traer unas hojas de cálculo que había dejado en su cuarto en la mañana, paso por el corredor por donde estaba contigua la sala y descubrió entonces a Elena, John se quedo petrificado por un momento, Elena ya había estado en varias ocasiones en aquella casa, aun desde muchos años atrás cuando aún era una niña, entonces John así la recordaba aun, con su vestido blanco de flores y listón verde, zapatillas blancas, su cabello castaño y lasio que le rozaban los hombros, y su sonrisa alegre que llenaba siempre en aquellos juegos de mesa que disputaban en aquellas reuniones de negocios de sus padres que ya había olvidado hace tiempo.

La descubrió entonces hecha una flor, la descubrió con sus ojos marrones clavados en su mirada petrificada, y lo hundió en una sensación de la cual no había sido consciente de que existía hasta ese día, se estremeció, y le crujieron los huesos, no hubo un solo pensamiento en su cabeza, solo era estupor, el tiempo le hizo espera y la detuvo por un instante, en un instante que no borraría nunca de sus ojos, porque Elena habría grabado su retrato muy profundamente dentro de sus pupilas. Luego ella solo sonrió luego de aquellos interminables cinco segundos y John aun petrificado pudo responder con un gesto apenas imperceptible que Elena noto vagamente.

Esa noche John se encerró en su cuarto y olvido por completo su laboratorio, olvido por completo que y cuanto había hecho en ese tiempo

y solo estaba en su mente Elena, así no durmió aquella noche, noche de insomnio provocado por la calentura de amor que estaba estallando ya en su corazón, y paso la noche llorando de impotencia, de deseos de ver nuevamente a Elena y poder llegar a escuchar su voz, de poder apenas poder sentir su aroma y volar extasiado de amor.

Elena era una joven vivás hija única, llena de muchos sueños que nunca llegaría a cumplir muchos de ellos, sus padres eran también dotados de fortunas que bastaban para pensar en una vida llena de comodidades y tranquilidad, a pesar de todo ello, Elena siempre fue desprendía de toda vanidad, paso una infancia alegre llena de juegos, llena de muñecas y de amigas que dormían en el cuarto jugando a pintar y peinar muñecas.

Elena recordaría también a John como un niño lleno de curiosidad y de un apetito voraz por descubrir todo lo que escondían aquellos juguetes que desarmaba, todo por entender el mecanismo con el cual funcionaban. Lo recordaría con sus pantaloncitos cortos y camisas de colores sólidos, sus zapatitos negros, su cabello negro crespo y su cara llena de pecas y viva alegría con la cual siempre compartía con todos aquellos que lo rodeaban. Lo recordaría todos los años, aun cuando John faltaba a las reuniones de sus padres, aun cuando siempre falto y los años lo hicieron un joven hermético y extraño.

Raras veces lo volvió a ver entonces aun cuando llegaba a la casa, y ese joven con el cual años atrás compartían los juegos ahora pasaba gran rato de su tiempo encerrado en su laboratorio, o perdido en alguna biblioteca, en alguna universidad de la ciudad, solo hundido en su sed de conocimiento de la cual ya comenzaba a rendir los primeros frutos de aquella ardua aplicación auto impuesta.

Así pasó en varias ocasiones por el corredor donde Elena se encontraba, así tan enigmáticamente, con su mirada siempre perdida buscando alguna solución, buscando y creando respuestas ya en su mundo hermético.

Pero ese día en que John la miro luego de tantos años ella también descubrió a un ser que estaba lleno de miedo, y era así, y fue así, porque fue hasta ese entonces que él también descubrió el miedo, lo miro y lo descubrió como un ser indefenso, como un ser que tiembla de frío, y lo trató de reconocer pero se había perdido aquel lejano recuerdo del niño en pantaloncillos cortos.

Tuvieron que pasar dos semanas para que John tuviera aquel tan anhelado encuentro, ya en esos días John había olvidado el laboratorio por completo, se le vio mas rondar la casa con mas naturalidad, en casa raramente se encontraban sus padres solo muy noche se le veía llegar y en otras ocasiones solo se comunicaban que llegarían hasta el día siguiente por problemas en la empresa, John siempre paso acompañado de personas que trabajaban en la casa, pero que para el no tenían valor sentimental, el jardinero, la cocinera, todo se enfrascaba en una rutina que ya había creado y le había impedido ver todo lo que se había desarrollado y que tanto se había alejado de todos.

Fue hasta entonces que comprendió que habían muchas personas a su alrededor pero ninguna de ellas también parecían reconocerlo, las rutinas los habían hecho también olvidarse de él.

Era día Domingo sus padres habían llegado hace apenas un par de horas, se arreglaba la sala esperando a los invitados que legarían para discutir sobre el mantenimiento de ciertos sectores que eran necesario ya en la empresa, así fueron llegando, y John por primera vez en mucho tiempo salía al encuentro de los que llegaban ese día, muchos lo recibían con una gran sonrisa y lo llenaban de felicitaciones por toda su dedicación y sus frutos que ya rendía en varios proyectos a los cuales se le invitaba.

John así estuvo fingiendo atención de los elogios que recibían, pero ninguno le hacia sobre saltarse, su corazón estaba acelerado y solo esperaba ver aparecer Elena, que se bajaba del automóvil, allá a lo lejos en la vereda del jardín que encaminaba hacia el parqueo de la casa.

Solo entonces John comenzó a retroceder, ya en otros días la había esperado con tantas ansias, la había llamado día y noche, John sabia que llegaría, pero en un instante de su espera solo fue retrocediendo y llego de espaldas a la puerta de la casa, entró y paso por un lado de la sala donde se encontraban ya los otros socios, llegó al corredor, doblo a mano izquierda y subió la gradas, llegó a su cuarto y se encerró temblando de miedo, no había sentido un miedo tan profundo, su pecho no contenía aquel corazón que lo hacia temblar con su fuerte latido, John se acerco a la ventana de su cuarto que le mostraba la vereda por donde tenia que llegar Elena, y así espero, solo sintiendo el palpitar de su corazón que casi podía escucharlo ahora.

El cielo del horizonte comenzó a arder, con aquellos bellos matices que adornan un atardecer, con el viento danzaban las hojas de los arboles, era el preludio de la llegada de Elena que caminaba detrás de sus padres, John la miraba recorrer aquella vereda que la adornaban de encanto, quedo petrificado nuevamente en su ventana, Elena paso justo debajo de su ventana, y alzo su mirada y lo vió, ahí nuevamente temblando de miedo, con un resplandor que ardía en sus pupilas, el mismo brillo que ella le había otorgado aquella tarde, sus manos apenas contenían tímidamente las cortinas blancas de su cuarto, así paso, y para el encanto de John de su rostro se desprendió una de las mas bellas sonrisas que John habría de descubrir en su vida.

Así John quedo unos minutos sin poder reaccionar, ni tener un solo impulso, el pensamiento se le había nublado de miles de pensamientos, del cual no podía ni siquiera pensar uno solo, ahí quedo viendo solo como los colores se desvanecían y en la oscuridad que se cubría el cielo aparecían las primeras estrellas, paso largo tiempo en la ventana, y descubrió a Elena que se paseaba por el jardín contiguo de la vereda, sin guardarse los impulsos salió sin perder un solo segundo, la reacción lo había tomado por sorpresa y ahora ya se encaminaba hacia la dueña de aquella calentura de sentimientos que lo había desbordado últimamente, y llego al jardín, mientras Elena se encontraba de espaldas, sentada en una pequeña banca madera que se encontraba en el Jardín, se encontraba levemente reclinada a sus espaldas, apoyada con sus pequeñas y claras manos, John se acercó y Elena aun sin mirarlo exclamó: - Cuanto te ha alejado el tiempo-. John apenas con el valor de acercarse se le ahogaron las palabras, apenas y pudo acercarse y sentarse a la par de Elena mientras con una sonrisa nerviosa apenas pudo responderle las palabras.

Elena Sonrió y le dijo:- El tiempo te ha hecho olvidar también las palabras, pero es bueno sentirte cerca nuevamente-.

- Sí, es bueno. Exclamo John en un bajo murmullo.

John paso el resto del tiempo de la noche con Elena mientras duraba la reunión de sus padres, y fue Elena quien le hablo de todo lo que había pasado en aquel correr del tiempo, John no tenía mucho que contarle a Elena, todo su mundo del cual se encontraba podría parecerle interesante, pero sabía que aquel mundo lleno de leyes le era muy ajeno a Elena que era una persona soñadora, llena de sueños, de la cual estaba decidida a construir su mundo lleno de felicidad. Así corrieron las horas y John guardo cada imagen de Elena que lamidamente la luz de las lámparas de aquel jardín le mostraron, y la escuchó tan atentamente que cada segundo sentía desprenderse la magia, y flotar en un mundo lleno de ángeles y querubines que giraban y volaban en torno a Elena.

Ya no necesitaron mas, John vivió entonces cada segundo por la espera de verla nuevamente, y a ella de compartirlos en los cuales siempre busco la manera de poder encontrarse con John, y así pasaron los días, se encontraban constantemente, y aprovecharon cada momento para estar juntos, se llamaban en el día, y se encontraban en las tardes, unas veces en un pequeño restorán de la ciudad donde una taza de café, una copa de sorbete, una lata de refresco, se extendían en largas platicas, en largos coloquios, que se adornaban de sonrisas, de miradas, aquellos jóvenes llenaban el ambiente de un aroma palpable, que la gente se deleitaba al observarlos, como dos jóvenes que detenían el tiempo en una pequeña mesa, o en una pequeña banca, donde ya rondaba el más dulce e incondicional amor.



Así fue en el jardín cuando John sintió por primera vez aquella dulce sensación que se desborda de dos seres que necesitan.

Sus padres nuevamente se reunían, en la noche se dibujaban unas claras nubes que enmarcaban la gran luna que los iluminaba, la noche se había vestido de gala, John en un momento sintió correr su corazón, miraba el cielo, Elena lo acompañaba, el silencio era la antesala de sus pensamientos, un profundo silencio los envolvió, y entonces se miraron, se miraron sin una veta de duda, y el temblor y el frio de sus manos se clamaban necesitarse, así sin darse cuenta sus manos se enlazaron y sintieron entonces su sed, ambos se desprendieron como un peñasco, y cayeron ante sus el mar de sus deseos, sus labios se rozaron y entonces ardieron, se hundieron en un mundo lejano de aquel Jardín, a un mundo colmados de nubes de colores, ambos cruzaron aquella noche llenos de una felicidad inagotable, aun cuando el roce de sus labios se había desvanecido, aun cuando ambos separados por la distancia de sus lechos, aun con el correr de las horas, y en las cuales aun no se encontraron, fueron felices, vivieron separados, pero soñaron juntos, el mundo para ellos fue el mismo, soñaron el mismo mundo, pintaron el mismo mundo, se entregaron y fueron uno por mucho tiempo.

El tiempo pareció llevarlos y mecerlos en un mundo llano, donde ellos se amaron cada segundo, por primera vez John vivía cada segundo para entregarse, así Elena también, como la lejana noche cuando ambos se entregaron completamente, llegaron a la habitación de John la cual se encontraba oscura, y en las tinieblas se vieron tan claramente, la piel de ambos ardía, y se ahogaban de sed, sus besos se desbordaban por los espacios tocados por el fuego, y se descubrieron en la oscuridad, amándose por primera vez, abandonaron este mundo, como la vez que el jardín los observo cuando se besaron por primera vez, pero esta vez, sintieron morirse en sus suspiros, y se llevaban de manos al cielo, solo para abrir sus ojos, y descubrirse entre las sabanas húmedas, entrelazados aun, susurrándose aun palabras que manaban sin darse cuenta, pidiéndose aun el aire que exhalaban cada uno de sus suspiros.

Así el tiempo los llevo por un sendero que les pareció interminable y al mismo tiempo fugas, porque nada los esperaba y se sorprendían con el paso de los meses que a la vez parecían tan lejanos.



Fue la noche, noche llena de misterios que aguardan las más oscuras y maravillosas historias, la noche que le entregaría a John la más oscura que lo abrigaría, la noche siniestra, la noche celosa de la felicidad que John guardaba y tuvo que entregar, la brisa de la noche se mecía lentamente entre el jardín, la luces de aquella vereda parecían esconder algún otro misterio, John observaba sobre su ventana y esperaba aparecer aquella luz, que anunciará la llegada de Elena, pasaron segundos, pasaron minutos, y solo la suave brisa lo acompañaba, el reloj de su cuarto cada vez se escuchaba más claramente, y más fuerte, de pronto pareció existir solo el reloj que torturaba mas en cada segundo, y la brisa fría llego y lo arrullo a John, quedo estremecido, sus huesos crujieron y sintieron el frio de aquella brisa, por un segundo pareció ceder ante aquella brisa glacial, pero solo se alejo de la ventana, salió de su cuarto, bajo por las escaleras sin perder un solo segundo y corrió por la vereda solo con la imagen de Elena en su pensamiento, recorrió unos instantes, y solo observo a lo lejos unas luces, azules y rojas que le anunciaban que lo que mas temía ocurría, John ya no sentía su respiración que era agitada, su corazón que latía con todas sus fuerzas, solo quería ver a Elena que se encontraba bien, se fue acercando hacia aquellas luces que le hacían un preámbulo de lo que le esperaba, ya cuando se acercó reconoció el vehículo de sus padres, estaba completamente desecho, había gente que estaba conmocionada, gritos, humo, John dio sus últimos pasos la vista se le tornó oscura y cayó.

John despertó en una cama de un hospital, al abrir sus ojos solo vio el techo de la habitación en la que se encontraba, todo había parecido ser un sueño, pero no recordaba haberse desmayado, luego vio a su alrededor y reconoció estar en una habitación de un hospital, y recordó todo, aun no sabía que había ocurrido, aun guardaba en su interior una leve esperanza que le decía que todo podía estar bien.

Se levito de la cama donde se encontraba no había nadie a su alrededor y salió buscando alguna persona que le pudiera decir algo, su respiración volvía a agitarse fuertemente, buscaba respuestas, se hacía preguntas, y no aparecía nadie, vio al fondo gente que se apresuraba a una habitación, y corrió, pudo encontrarse con un medico, y pregunto si sabía algo del accidente.

El médico lo miro con unos ojos ahogados, sabía quien era él.

-¿Eres el familiar de los que iban en aquel vehículo hijo?

-Si soy su hijo respondió John

- Estamos haciendo lo posible por salvar a tu hermana, lo siento mucho por lo de tus padres.

John cayó en ese instante en un abismo infinito, en el cual todo el mundo se desbordaba con él, no podía creer que sus padres, los que vio esa misma mañana ya se habían ido, pero entonces las otras palabras llegaron entonces a su cabeza, y ese abismo pareció aun más profundo cuando el rostro de Elena apareció en su mente. ¿Cual hermana?- Se pregunto él. ¿Cual hermana? Grito él... Su vos se quebró, su voz se desgarro...

- NO tengo hermana- Dijo- ¡¡¡Que no sea Elena!!!

viernes, 5 de septiembre de 2008

Evocaciones de tus recuerdos

Viven aquí aquellos encuentros, mientras tu esencia aun ronda por el cuarto, el tiempo ha perdido su ritmo, porque a veces vuela, otras veces se detiene…
Es como nuestros corazones, que a veces estallan y otras veces descansan…

Y el tiempo es mi aliado cuando te espero, y mi verdugo cuando estas conmigo… Llévame contigo y olvidémonos del correr del tiempo, olvidémonos del dolor, brindemos y embriaguémonos de amor…