yo tengo aquí, tierna inocencia,
el alma balanceándose
en una hebra de tu cabello.
Y si tus sonrisas me apuñalan,
Y si tus sonrisas me apuñalan,
de mis heridas fluye la escencia,
que se esparce como un ejambre
que nubla mi cielo en petalos de amapolas.
Ya con escasas fuerzas me contengo
de cantar mi lamento desconsolado,
porque no hay oídos de quien mejor pueda escucharlo
de quien con una palabra suya podría consolarme.
Así resguardo ante todos, un silencio,
porque no hay oídos de quien mejor pueda escucharlo
de quien con una palabra suya podría consolarme.
Así resguardo ante todos, un silencio,
mientras una guerra deja este cuerpo
con tan solo una capa,
que una delicada brisa podría derrumbarla.
Ante ti, mi locura se desborda como un río,
que una delicada brisa podría derrumbarla.
Ante ti, mi locura se desborda como un río,
y te vas sin saber- amada mía-
que anclaldo en tu orilla,
queda un arbol con las raices desnudas,
y un pensamiento hecho ceniza.
y un pensamiento hecho ceniza.
Y esta paradoja,
-mi locura-
no la matan tus manos ni las mias,
muere de sed cuando te nombro-
muere de frio cuando callas.