Busqueda Google

Google

viernes, 5 de septiembre de 2008

Evocaciones de tus recuerdos

Viven aquí aquellos encuentros, mientras tu esencia aun ronda por el cuarto, el tiempo ha perdido su ritmo, porque a veces vuela, otras veces se detiene…
Es como nuestros corazones, que a veces estallan y otras veces descansan…

Y el tiempo es mi aliado cuando te espero, y mi verdugo cuando estas conmigo… Llévame contigo y olvidémonos del correr del tiempo, olvidémonos del dolor, brindemos y embriaguémonos de amor…

sábado, 19 de julio de 2008

COSTURA

Uno no elige este lugar
lo elige la soledad,
a veces es la costumbre
de sabernos un poco roto.
Como para disimular un poquito
las costuras abiertas,
y fingir con un café en mano,
que todo, todavía aguanta.

 

Pero este lugar
sabe también evocar tu presencia,
con tu propio silencio a cuesta,
y tu rutina esa de esperar a la puerta.
Reconozco tu forma de mirar la calle,
la misma herida vieja,
la misma hebra suelta
que a mí se me escapa del alma.

 

Y esta mesa, que ya sabe tanto
de silencios y puntadas rotas,
nos mira.
Y puede que imagine,
qué tal si, de tantas hebras invisibles
que flotan entre tanto silencio,
nos atreviéramos al fin
a tomar una tuya, y una mía.
Y con la torpeza,
de casi sin saber cómo,
empezáramos a remendarnos.

 

Quizá a eso,
a ese nudo simple y compartido,
la gente que no está tan rota
se atreve a llamarlo esperanza.

En medio de la nada

Este es el fin de la historia que nunca tuvo un inicio.

Porque nos vimos desnudos y mientras abría mis brazos para descubrir mi pecho, tú te cubrías con mis prendas.
Y nos hundimos ahí en un juego continuo que terminábamos y volvíamos a empezar, mientras la piel y nuestras vestimentas se rasgaban ante nuestros ojos y nuestros rostros se empapaban de un resplandor que luego cristalizaba los sueños para que nuestras manos los rozaran e hicieran polvo.

Nuestras ropas se entregaron a las cenizas que luego solo teñían de negro nuestra fortuna.
Y ese fuego se alimento de nuestras emociones y fueron brazas que ardían hasta en nuestros huesos que temblaban de soledad, y buscamos la carne para luego extraviarnos para observarnos de lejos como un distante faro.

Nos alimentamos de nuestro llanto, nuestro fracaso, y nos huimos nos fugamos sin ni siquiera tocarnos, sin removernos los malditos escombros que forraban nuestros cimientos, a morir sofocados en nuestra propia miseria que cada uno de nosotros había ganado.
Sin perdernos ni encontrarnos, sin tenernos, sin nada.
Sin la sonrisa ni el llanto, solo ahí estampados como retratos inertes, como rocas en medio de la nada...

sábado, 19 de enero de 2008

Sueño de noche de enero...

La noche ya cubria el manto completo,
y mientras solo, aguardaba tu llegada.
Sin saber si llegarías.

Pero llegastes, con un brillo intenso en tu piel,
vivos colores...
Y contemplandote, y sin saberlo,
habiamos iniciado una danza.

Y ahi ibamos los dos, haciendo la musica,
todo fluia sin pensarlo en un mismo compás,
en un instante, mientras te tomaba en mis brazos,
ya casi caida, y mis emociones ardiendo,
a ciegas busque tus labios,
los veia tan claramente.

Los alcanzé en un roce, y como envuelto en un fuego divino
mi alma ardía en tus labios de fuego...
Calcinastes mis emociones como brazas, que habían esperado tanto,
y ahora morir en tus labios, sería recompensa divina.

Asi perduro ese juego de roces,
hasta que asi como habías llegado,
te marchaste dejándome tendido,
aun aferrandome a ti ya sin tenerte,
en mi letardo.

Asi amanecería y tú me habrías dejado todo ello
solo como un sueño,
pero en mis manos aun tenia tu colores de la noche anterior,
de la noche donde danzamos juntos,
en mis labios aun habian vestigios de tu boca.

Y aparecistes nuevamente,
te sentí mucho mas cerca,
aunque ahora ni te rozara,
tus pensamientos los eschuchaba tan claro como tus palabras,
tú tambien me oias.

Pensastes en quererme, me mirastes y me querías, y tú sabías que de verdad te amaba.


Y asi como una nuve de humo,
fuistes desapareciendo, y en ese temor inmenso de perderte, fui abriendo lentamente mis ojos.

Y solo estaba la oscuridad de esa noche, y la soledad de siempre.

Y entre las oscuras cortinas de mi cuarto solo un leve reflejo de una luna encendida entraba por mi ventana, y asi aun con mi pecho ardiendo y la realidad sofocandolo, extingió la fantasía. Llevándote lejos en mi vigilia, en donde ya no pudiera alcanzarte jamás.