Busqueda Google

Google

lunes, 26 de noviembre de 2007

Pasada de Carlos y Renée.

"En las penumbras sus rostros sobresalían como dos máscaras griegas en el escenario, ella se había soltado el cabelo negro azabache y se dejaba abrazar por él cuya palidez y delgadez hacían que su rostro en verdad pareciera una calavera con cejas y hermosos ojos.

Se besaron por largo rato mientras escuchaban el ruido de la lluvia desde atrás de los vidrios. Parecía una tormenta; pero era una llovizna cuyas gotas saltaban de hoja en hoja hasta llegar al suelo sin poder detenerse un segundo en medio del vacío... como un halo, como una luz de muerto en medio de las tumbas olvidadas. Soñaba con días de campo, como los que había tenido con la morena Kaz, que pronto degeneraban en masacre bajo estanques imposibles de pruebas de amor y de odio: flotando en la superficie, un busto de mujer como cortado con un láser, sin brazos y mordisqueada por los pecesillos y por los pensamientos.

Tormenta al fin, frío y noche, inundación de sentimientos de caos: hoy te beso, mañana quién sabe. Me gustas tanto. Te extraño tanto. Por las noches sueño con la misma gota de lluvia, gota de agua congelada frente a un microscopio divino que busca la respuesta correcta para los hombres que no están ni vivos ni muertos, como si no existiesen, como si nunca hubiesen nacido.

La tormenta, el beso prolongado y el abrazo en la obscuridad. Dos rostros angelicales, dos máscaras griegas de la tragedia antigua. No más palabras. La repentina luz al final del túnel de sus conciencias y el mismo halo divino que los cubría los dejó pensativos mientras observaban las gotas de lluvia juguetear entre las hojas. ¿Juguetear? Caer como Luzbel en la tierra de los hombres. Ella tenía marcadas ojeras que, junto a su vestido negro y su cabello azabache, le daban más claridad mortuoria a su rostro. Él sonreía con la luz misteriosa de su mirada y con la gracia de su perversa divinidad, cosa que había parecido interesante y simpática a los ojos de las chicas y los chicos que lo llegaban a envidiar de alguna forma oculta.
Pensativos como dos semi-dioses en el albor de una gran decisión, como dos estatuas, como dos gárgolas de extrema belleza compitiendo con las imágenes de los santos y santas del interior del templo, así los sorprendió la luz y los regresó a la tierra y volvieron a ser palpables para los humanos. Nadie se sorprendió, nadie lloró de felicidad, nadie leyó los pergaminos prohibidos, nadie condenó a nadie."

1 comentario:

Marcelomar dijo...

Como una hsitoria de un momento, un impulso, un logro... Y una tortura de una incertidumbre, de solo haber rozado un instante... Q solo fue un momento...